Punta Suelza 2.973 m. desde el Collado de la Cruz de Guardia

Hoy os traemos un rutón en mayúsculas por tierras pirenaicas, una de esas cimas de obligada ascensión por su accesibilidad, sus vistas y sus rincones. El pico Punta Suelza, con sus casi 3.000m. de altitud se sitúa privilegiado en el medio mismo de la Val de Chistau, con inmejorables vistas a macizos como el del Posets, Cotiella o Monte Perdido; además, ofrece al montañero preciosas postales de ibones tan escondidos como los de Barleto, o coquetos rincones como los de la Cabaña Pardinas. Vamos con algunos datos:

  • Distancia: 13 kms
  • Desnivel: 900 m.
  • Tiempo empleado: Aprox. 5:30 horas (3 subida, media hora arriba y 2 bajada) con leves paradas
  • Dificultad: No tiene, salvo un paso en el que ayudarse de manos
  • Track de la Ruta: Descargar

Pues vamos allá con la explicación de la ruta y algunas fotillos….

La ruta parte desde el Collado de la Cruz de Guardia, a poco más de 2.000 metros y discurre casi siempre por la cara Sur de la montaña. Para llegar a este punto con el coche, debemos coger una pista forestal en bastante buen estado que nos subirá desde el pueblo de Sin. (existe otra pista que nos accede también hasta el punto, esta vez desde el pueblo de Gistain, pero que está en peor condición, al menos con turismo normal es más comprometida) Así pues una vez llegados a Sin y con ayuda del google maps, nos adentramos en la pista forestal que tras unos cuantos kilómetros nos llegará hasta un precioso collado donde tienen vivienda las vacas y sus ganaderos y donde una señal bien clara nos impide el paso a vehículos motorizados. Es el punto exacto donde aparcar el coche en los ensanches de la pista e iniciar ruta.

Punto de inicio de la ruta

Desde dicho collado, seguimos la pista forestal, durante casi 3 kilómetros. Es un camino llano, cómodo y perfecto para ir calentando músculos para el desnivel que tendremos que salvar más adelante. En apenas media horica nos plantamos en la Cabaña Pardinas, un bucólico rincón donde conversamos con un motorista que nos advierte que hasta aquí llega lo fácil y que a partir de ahora la cosa gana en desnivel. La verdad que ya tenemos ganas de empezar a ganar metros.

Flecha azul inicio de ruta, pista forestal y cabaña pardinas desde la ruta de ascenso.

Desde la cabaña Pardinas, dejamos la cómoda pista forestal, pues se termina en este punto y nos vamos en busca del sendero de ascenso. A partir de aquí se acabaron las contemplaciones y la ruta adquiere ya un desnivel considerable, así que paso cómodo y a darle a las piernas.

Casi podríamos resumir la subida como una serie de «palas» fuerte pendiente, seguidas de pequeños tramos más suaves, por lo que se asemeja a ir subiendo por una escalera. Hay un par de palas que realmente te hacen sudar, aunque el camino es cómodo, nada pedregoso y con unos prados de montaña espectaculares.

Ana en el tramo medio llano y al fondo la siguiente pala a subir con nuestro objetivo al fondo.

Lo bueno de estas subidas bruscas es que ganas altura con facilidad y ello te empieza a otorgar vistas privilegiadas, pues empiezan a asomar los principales macizos montañosos de las cercanias.

Macizo del Perdido desde la ruta de subida

Nos damos cuenta que hemos tenido mucha suerte con el día, ya que las nubes altas nos están haciendo una barrera perfecta contra el sol que en esta subida nos hubiera castigado en demasía. Por contra, el ambiente neblinoso de calima nos impide también una mejor visión de las montañas de alrededor. En fin, no se puede tener todo, aun así la visibilidad no llega a ser mala malísima como veremos luego con las fotos de la cima.

A media subida decidimos hacer una paradita corta para reponer fuerzas con unos frutos secos, unas barritas y un poco de agua. Energía para lo que nos queda.

Diferentes palas a salvar y con la cima en el horizonte

Tras pasar una de las palas más largas y empinadas, nos damos de bruces con los Ibones de Barleto. Escondidos y coquetos, son una delicia para nuestros ojos y una excelente compañía de ruta, de los que podremos disfrutar un buen rato.

Ibones de Barleto, al fondo el macizo del Perdido y asomando la fotogénica Punta Fulsa

Tras las pertinentes fotos, nos ponemos nuevamente en marcha, en busca de un resalte rocoso donde encontraremos el único paso diferente de la ruta. No reviste ninguna dificultad, ya que es una trepada corta y sin chicha, pero siempre está bien decirlo.

Pequeño resalte rocoso que se pasa sin dificultad alguna

Este resalte es un punto de inflexión en la ruta, ya que dejamos el cómodo camino entre prados y nos adentramos en una zona más rocosa y pedregosa. La altitud ya empieza a notarse y el viento empieza a pegar, por lo que la vegetación escasea. Esto nos da una pista de que ya nos queda poco desnivel que afrontar, aunque aun la cima te va a pedir un esfuerzo más.

Aunque por momentos el sendero crestea, siempre es cómodo y poco comprometido, de ahí que esta montaña no revista dificultad, salvo por el desnivel propio de un tres mil. Los últimos metros de ascensión se afrontan por un terreno más pedregoso y engorroso de caminar, pero de corta tramada que nos sitúa cómodamente en el monolito de cemento de la cima del Punta Suelza con 2.973 m.

Cima del Punta Suelza

Arriba el viento sacude, pero no hace excesivo frío, 12 o 13 grados a lo sumo. Las vistas, como comento al principio son de infarto. Los macizos de Posets, el Cotiella, el Perdido, etc….se disfrutan y de qué manera, así que saco la cámara de largo alcance y me pongo al lío. La verdad que el tiempo podría ser más limpio, pero bueno, al menos en la subida no nos hemos ensolanado.

Vamos allá con las vistas:

Hacia el NW Pirineo Francés
Zoomaco al Midí… aunque muy muy lejos.
Mirando el Este: Macizo del Posets y Perdiguero
Detalle Posets y Llardaneta
Al Sur: Macizo del Cotiella y Peña Montañesa y Punta Llerga
Detalle Punta Llerga y detrás Peña Montañesa
Al Suroeste el Macizo del Perdido
Detallazo del Monte Perdido, Cilindro de Marboré y Glaciar del Perdido
Al Oeste, per lejos lejos los tresmiles del al zona de Panticosa y el imponente Vignemale
Detalle Vignemale

Después de media horita en la cima y tras emborracharnos de vistas infinitas, decidimos tirarnos para abajo, para evitar enfriarnos mucho. Nos echamos unas almendras al gaznate y ponemos rumbo al coche, al que llegaremos en unas 2 horitas más o menos.

De bajada nos paramos a contemplar, lo que identifico como un cagadero de Perdiz Nival (Lagopus muta), muy común en la zona y que pude ver algún ejemplar en mi anterior subida por la cara norte hace ya como 8 años.

La verdad es que aquella vez me hizo muchísima ilusión, pero esta vez no hubo suerte con ningún avistamiento, ni tan siquiera de Sarrio. Eso sí, también pudimos disfrutar de la floración del azafrán silvestre (Crocus nidiflorus) en las zonas más bajas donde es bastante común.

Y hasta aquí la ruta del día, como hemos dicho, una cima accesible pero no por ello menos exigente que nos dará unas vistas privilegiadas de los principales macizos pirenaicos y que sin duda recomiendo encarecidamente. Eso sí, la exigencia es moderada debido al desnivel, por lo que conviene estar bien preparado físicamente.

Un sentimiento, una reflexión…

Por suerte, hace ya algún año que he tenido el placer de conocer, aunque sea de manera virtual a una de las personas más entusiastas en pro de la defensa de nuestro patrimonio natural. Un tipo majo, sencillo, amigable y sobretodo pasional en todo lo referente a la conservación de la naturaleza en Aragón. Muy implicado sobretodo en lo referente a la protección y conservación del Oso Pardo, del cual ha sido durante muchos años trabajador incansable para su recuperación y que ahora, le toca tirar de tiempo libre para seguir aportando y sumando en esta incansable lucha.

Nuestras larguísimas conversaciones por teléfono ahondan también en otras especies y otros aspectos de la conservación del medio en Aragón, y que nos enriquecen a ambos, pues al final, el conocimiento es sabiduría; aunque como siempre, acabamos por poner orden y concierto en los Osos pardos del Pirineo de los que, por suerte, es todo un experto.

El otro día, en un foro especializado que frecuentamos, dejó una vivencia a modo de reflexión o incluso de sentimiento diría yo, que he querido traer aquí para que forme parte también de este blog, porque al final esa reflexión creo que es extensible a lo que vengo realizando en este rincón desde hace muuuuuchos años.

Gracias Chus por tanto trabajo y tanta pasión

En todos los Santos del año 2004, venía de chuparme 16h de trabajo. Fue un día terrible en la muga entre el valle de Ansó y Arlet. Un grupo de universitarios andaluces habían venido a Jaca , a conocer la cordillera Pirenaica, su fauna, flora y formaciones geológicas. Si mal no recuerdo creo eran futuros geólogos. A punto de los 50 , me hago mayor y los detalles ya me fallan.

Recuerdo el día de antes que mi coordinador me pasó los datos de contacto para recoger al grupo, ir a su minibus y los trámites habituales cuando un grupo venía a realizar una visita programada y guiada al Parque natural de los Valles Occidentales. Hablé con una amable sevillana que era su responsable y preparamos una excursión por la parte final de Oza, Guarrinza, ibón de Arlet, Agua Tuerta. Ya avisé que el norte no iba a ser amable con los sureños. Daban malo .

Madrugamos mucho, llegábamos a Oza amaneciendo, con un día ventoso, aguanieve a ratos, frío para un autóctono, indomable día para gente poco acostumbrados a bregar días de barro . Pero le echaron rasmia, uno no se cruza España para lamentarse del tiempo y pasar el día con un café en la taberna.

Cuando remontábamos a Arlet , salió el sol, la visión de las últimas hayas con su follaje otoñal casi perdido, la boira arriba y las bruchinas humeantes entre los abetos gigantescos de Campanil, nos detuvo. Aquello eran las montañas salvajes, ya no había ganado en los puertos, ningún montañero ni nada del bullicio del verano. Los valles estaban en silencio, aguardando la llegada del largo invierno. Los copos cuajaban en las cimas y cuando alcanzamos la muga divisoria era imposible ver nada . Con indisimulada vergüenza reiteré a mis valientes escuchantes que quizá lo mejor era regresar y que poco o nada iban a aprender de valles glaciares, valles colgados , etc…con una chipiada del 15 y sin apenas poder ver a 10 metros. He de decir que había caras para todos gustos pero profesora y alumnos decidieron asumir que ya estaban mojados y en Arlet había un buen refugio para entrar en calor. La amable sevillana agradeció mi franqueza y aunque le reconocí que poco podía enseñar yo de geología estando ella y viendo el nivel me confesó que habían venido entre otras cosas a ver las tierras del oso del Pirineo. Que para eso estaba yo y les daba igual cayera un metro nieve y quedásemos aislados una semana.

Así que calados y embarrados en un rápido descenso encontramos Arlet, no sin antes ponerse a prueba mi orientación en unas montañas cubiertas de boira traicionera. Era mediodía cuando el calor del refugio nos dio un respiro. Allí al calor de la leña de haya, en tierras bearnesas , un aragonés y veintitantos andaluces compartimos lo único bueno que el día dejó, horas de charla sobre el oso, la esperanza de la reintroducción, los valles…son esos ratos que uno valora en la distancia.

No hubo sobremesa pausada había que regresar al parking en Guarrinza, el collado estaba empezando a teñirse de blanco, así que poca broma. La vuelta y bajada no fue rápida , el terreno invitaba a pocas prisas y amenazaba con cernirse pronto la oscuridad. Aún así quienes me flanqueaban continuaban ávidos de saber historias de la fauna y las montañas, de las «selbas pirenaicas» , de las leyendas megalíticas de la zona, de Carlomagno y su batalla en el achar de los muertos.

Y finalmente ateridos encontramos el minibús con su chófer incrédulo de nuestra excursión esperando con cierta ansiedad nuestra llegada.

Paramos en Echo al volver a Jaca para tomar algo caliente. Allí bajo techo y fuera ya de preocupaciones logísticas recuerdo como varios de los estudiantes más entusiasmados me hacían las preguntas más típicas y no por ello menos importantes o interesantes. Cuántos osos quedan, cuántos había cerca, si habíamos visto alguno, si se acercaban al pueblo…el guión predecible del entusiasmo. Pero la profesora fue más allá y me dijo algo que no he podido borrar, me dijo que cuántos osos pensaba que podrían vivir como máximo en la zona. En el primer momento la pregunta me sorprendió y he de confesar que hasta me conmovió tal alarde de optimismo. Pensé, y finalmente dije sin mucha seguridad: pues los que dejemos. En ese momento uno no ve la trascendencia de un pensamiento. Lo ves después.

Bajando ya cerca de Embún, encendí el teléfono. Era el 2004, no había wasap, ni smarthphones, bastante que con una raya de cobertura te llegase un SMS de esos que costaba un dios escribir. El cuerpo pedía ya cenar y descansar pero allí estaba el SMS.

Era mi compañero Fernando, escueto , no sé si por su poca práctica y amor a los celulares, me dejó un lacónico. Chucho , te espero en la parada es urgente. Y allí estaba con su forro verde con los logotipos de la dga a punto de jubilarse, con su pipa y las gafas empañadas . Era un poema verlo allí con su barba mojada y pensé , ya he hecho algo mal, verás tú que bronca.

Y allí esperó respetuosamente a que despidiese el grupo sin decir rai de rai. Algo iba mal. No habéis tenido nunca esa sensación? Ese desasosiego de saber que te van a decir algo que no te va a gustar?.

Ya no llovía. Había llovido todo lo que tenía que llover. No recuerdo muy bien como empezó la conversación. Andaba pensando yo en algún lío con el director o el coordinador cuando me vino aquel flash. La han matado Chucho. Esas palabras aún me siegan el alma. Lo supe. Sabía a quien habían matado sin siquiera nombrármela.

Fuimos a Canfranc, allí nos esperaba el coordinador y un guarda, ya no recuerdo ni las horas…era tardísimo pero era como si el tiempo se hubiera detenido. Las caras que vi no estaban mejor que la mía. La conversación fue breve , casi tan breve y escueta como la de mi buen Fer.

Era todos los Santos y ya no sería igual. Ese día de frío, lluvia y nieve, bajo el viento helador que trae el puerto no fuimos los únicos que habíamos salido a la montaña.

En un lado andábamos un grupo alegre , deseoso de conocer, de devorar paisaje y regalar sonrisas y miradas enamoradas de la naturaleza.

Poco más abajo en lo escondido del bosque otra persona salió a terminar lo que muchos querían y no se atrevían. Sabían donde estaba. La había visto hace unos días un colega francés . Incluso la grabó. A ella y a su retoño. Dio aviso, la zona debía no ser perturbada.

A veces uno piensa que los seres humanos somos varias especies. No parece posible que dentro de la misma haya quienes mueran por hacer 800km de carretera y 12h bajo lluvia y frío para contemplar lo imposible y quienes en silencio seduzcan a la vida para traer la muerte a la esperanza.

Era todos los Santos y ese día nos mataron un poco a todos . El disparo se llevó miles de años de vida, se llevó cuentos de yayos, historias de leyendas, sueños y esperanzas. Aquel hombre se nos llevó parte del alma. No hubo rincón del Pirineo donde no hubiera un soñador herido que al día siguiente derramase una lágrima. Y la herida se abrió y llegó lejos, todo lo lejos que el bramido de la última osa lanzó. Altiva, hermosa, pequeña y suave, con sus ojos como bombones y su piel como la canela. Allí yacían nuestros corazones en vilo pues en un último aliento la última madre de las montañas había salvado a su pequeño de la mirada del asesino.

No parece posible que aquel que disparó fuera de nuestra misma especie. Mi cerebro no era capaz de entender que alguien quisiera acabar con la última osa autóctona de los Pirineos. No podía comprender como alguien hubiera podido disparar ante la visión de una madre cuidando de su pequeño. Pronto el raciocinio me devolvía miles de maldades que nuestros congéneres hacían a su propia especie. Que no iban a hacer a un pobre animal. Somos una especie fallida pensé.

Han pasado 17 años ya. Al poco del suceso tuve que abandonar el proyecto. Pero realmente nunca me fui. Todos que aquel día maldito vimos llorar el cielo de los Pirineos hemos seguido allí, a veces en cuerpo, a veces en mente. Poco a poco la especie se recupera, poco a poco la esperanza renace pero nuestras almas heridas están dañadas y cada vez que un oso es disparado viejos fantasmas asolan nuestro corazón.

Hace unos meses estuve en Arlet y casualmente vi el típico libro que en muchos refugios dejan para que la gente deje un recuerdo. No llevaba prisa ni la metereologia me agobiaba. Todo lo más un sentimiento culpable de estar al otro lado de la frontera en los tiempos del covid. Firmé y perdí el rato leyendo a gente.

Una entrada rezaba, «vine hace 17 años y me enamoré, he vuelto con mi hija para que comprenda mi amor, gracias a quienes un día de todos los Santos le descubrieron las montañas a un sevillano» firmaba como Juan. Os juro que lloré allí sólo como un ***. A veces la vida nos devuelve las sonrisas que sembramos. Gracias Juan. Unos meses después Sorita nos devolvió otra sonrisa , tres oseznos, ni más, ni menos. Hay pocos días alegres para los que hemos trabajado en la naturaleza o la amamos. Somos como otra especie en extinción que bracea en un mar duro e impedido, nuestros caminos son de llagas y espinas. Por eso cuando la semilla florece nuestra sonrisa vuelve.

Cannelle , siempre en mi recuerdo. 17 años después necesitamos que Canelito, aquel pequeño huérfano, que sobrevivió sólo ante la naturaleza nos alargue la primavera. Ojalá algún osezno lleve su linaje. El de Cannelle, el de nuestras montañas, el de nuestros sueños y esperanzas. Hemos sembrado tantas sonrisas…la naturaleza debe devolvernos nuestro sueño.

Y alguno , si habéis llegado hasta aquí, os preguntaréis, a qué fin este relato?.

Sencillo, todas vidas son valiosas. Nunca sabes cuando puede ser la última. Nunca debimos llegar a eso. Nunca hay demasiados de nada. Nunca. Porque desde el más pequeño carbonero hasta el último quebranta, todos son una cadena que fragilmente se rompe y cuesta años, décadas o siglos restablecer y a veces ni siquiera.

Cada vez que una especie se nos va entiendo a quienes la lloran. Cómo no hacerlo. Yo llevo 17 años llorando. A veces me nace la rabia al ver que todavía hay quienes piensan en que hay muchos de tal, demasiados de cual y bien pocos de pascual. Pero luego pienso en gente como Juan, y veo que mis semillas crecieron y que Juan sembró las suyas, y que otros miles de Juanes en otras miles montañas, mares y llanuras siguen sembrando. Así que nada de torcer el morro. Hay que sembrar y sembrar.

Si se van los gallus de la cantábrica también se nos morirá algo, lo sé, lo entiendo, como no voy a entenderlo. Lo que no sé entiende son otras posturas.

Por cierto Miguel, estás muy acertado. Un abrazo a TODOS.

Y no me voy a ir sin enseñaros a Sorita y sus 3 oseznos nacidos esta primavera

Salto de La Larri

Bueno, hoy os traigo un clasicazo de excursión por Pirineos, una de esas rutas que realiza mucha gente por estar en un entorno muy concurrido como es el Valle de Pineta, pero que bien merece la pena realizarla por su belleza, baja dificultad y premio final.

Es una excursión que discurre por las sendas más transitadas del Valle, hasta una bifurcación donde descubriremos el precioso valle de La Larri y llegaremos hasta un salto espectacular de agua que será nuestra mejor recompensa a la caminata.

Si le echamos un vistazo al mapa, vemos que desde la zona de aparcamiento he marcado dos flechas en rojo para elegir las dos posibles sendas de subida, una de ellas, una pista forestal que salva el desnivel de manera más suave y la otra el sendero de Marboré que nos conducirá a dicha pista forestal. Luego y tras pasar por un par de cascadas chulas (Cascada del Cinca y Cascada de La Larri) debemos seguir las indicaciones a los Llanos de La Larri que mediante pista forestal (haciendo eses) o siguiendo el GR de manera más recta nos llevará al precioso valle de La Larri, donde pasado el refugio seguiremos por los llanos hasta el salto de La Larri, precioso final de nuestra ruta. La vuelta nos aporta también dos opciones, o bajar por el camino de las cascadas o por el camino de La Larri, ambos senderos muy bonitos entre hayedos y una vegetación exuberante que hará mucho más llevadero el desnivel de bajada.

Así pues, para realizar la ruta, nos situaremos en el aparcamiento principal del Valle de Pineta, una vez hemos cruzado el río Cinca por un puente, nos encontraremos una zona de aparcamiento muy amplia donde dejar el coche. Nosotros optamos por realizar la ruta por la tarde, mucho más tranquilo de gente y decidimos comer de picnic en el mismo aparcamiento, ya que hay habilitadas unas mesas y bancos de madera con unas vistas inmejorables.

A partir de aquí, y como la ruta fuerte sería el día siguiente, optamos por subir por la pista forestal, mucho más llevadera, pero igual de preciosa. (en verano es más desaconsejable esta subida porque toca más el sol por la mañana). Con un cómodo paso y salvando desnivel poco a poco conseguimos llegar a la cascada del Cinca habiendo pasado antes por otro precioso salto de agua. Dependerá mucho de la época en que realicemos la ruta que las cascadas bajen con más o menos agua.

Existe la opción de subir a ver las Cascadas del río Cinca, pero eso ya es otra ruta así que nosotros seguimos la cómoda pista adelante, para toparnos en otro ratito con la Cascada de La Larri, ésta mucho más espectacular y con un característicos color rojizo en las rocas. Desde este cascada tenemos un balcón precioso a la cara norte del collado de Añisclo y las Zucas.

Poco más adelante, nos señala la subida a los Llanos de La Larri, un sendero GR con algo de pendiente pero corta duración que nos situará en pocos minutos en el la entrada del Valle de La Larri. (Se puede subir de manera más suave siguiendo la pista que serpentea y sube hasta el refugio.

Ya inmersos en los Llanos de La Larri, el amplios valle es precioso y cómo de caminar, pues casi carece de desnivel.

La opción ahora es fácil, seguir caminando por el valle hasta el final, donde encontraremos el precioso salto de La Larri.

Solventando algun pequeño riachuelo, que seguramente en verano baje seco, nos plantamos pronto a los pies del salto.

Y una vez llegados al precioso e imponente salto, sólo nos queda disfrutar, refrescarnos y deleitarnos de este fantástico rincón del Valle de Pineta.

Como veis, una ruta simple, sencilla y diría que para casi todos los públicos. Son apenas 10 kms, con poco desnivel 380m. y que en 3 horitas nos habrá dado tiempo a recorrer. Con muchos atractivos en forma de casadas durante todo el recorrido, y con este precioso y espectacular salto final como colofón al paseo.

Así pues, una sencilla manera de acercarse y conocer el Valle de Pineta con esta sencilla pero a la vez espectacular ruta.

Ibón de Estanés (vía Sansanet)

Nueva ruta por Pirineos, disfrutando de una mini escapada y esta vez con una ruta mucho más asequible que el Ibón de Acherito, esta vez subimos al Ibón de Estanés, otro precioso lago de montaña, situado en la cabecera del Valle de Canfranc, y al que accederemos desde la vertiente francesa, ya que nos afianza un recorrido corto y cómodo hasta el mismo ibón.

Aquí se ve la ruta de subida (en color morado), con una primera parte en la vertiente francesa donde salvamos el desnivel y una segunda tramada mucho más cómoda y reposada que nos lleva hasta el mismo ibón. Os dejo cuatro premisas básicas y empezamos con el repor….

Acceso-Aparcamiento: Podemos acceder desde el mismo Valle de Canfranc cruzando a Francia por el Túnel del Somport, una vez salidos del túnel buscaremos la primera salida para coger la carretera que nos sube de nuevo al Puerto de Somport, como si volvieramos a España. Otra opción es no coger el túnel y subir por el puerto de Somport, y cruzar a Francia. En esta carretera de ascenso a Somport desde Francia, debemos buscar un desvío con camino de tierra hasta el aparcamiento de Sansanet. Está bien marcado si vamos mirando, y el aparcamiento es amplio y de tierra. Perfecto para dejar el coche a la sombra. Hay cartelería que nos informa de la ruta.

Longitud-Duración: Como ya hemos dicho es un Ibón totalmente accesible para casi todo el mundo. Es una ruta que se suele hacer en familia, ya que aunque hay que caminar y salvar un desnivel, se hace de manera muy cómoda. Por lo tanto, hablaremos de una ruta fácil para gente habituada a andar. Son 4,3 kilómetros hasta el Ibón salvando un desnivel de unos 540 metros. En torno a 1h.45 minutos del aparcamiento al Ibón a ritmo tranquilo. La ruta está muy bien marcada en todo momento, sin posibilidad de equivocación.

Recomendaciones: La parte donde se salva mayor desnivel está cubierta casi siempre por bosque, por lo que se hace muy cómoda, dicho esto es una ruta de montaña y como tal hay que prever siempre material y calzado adecuado, comida suficiente, agua y todo este tipo de cosas. Siempre ayudan unos bastones. Aunque hablamos de que la ruta es fácil, siempre entendemos que quien la realiza está habituada a andar.

 

Empezamos pues la ruta desde el mismo aparcamiento de Estanés, donde ya hay algún coche, y es que en las primera rampas de subida vamos a adelantar a una cuadrilla numerosa de franceses que suben en grupo realizando también la ascensión al Ibón.

La mañana nos sacude con los primero rayos del sol ya metidos en el frondoso bosque de hayas que nos sombrea durante las primera rampas de ascenso. Es en esta parte francesa y casi siempre metidos en bosque donde salvaremos la mayor parte del desnivel.

La verdad que el bosque, el entorno, la neblina y los primeros rayos de luz nos crean un ambiente fantástico para caminar y disfrutar. Adelantamos al numeroso grupo francés y a buen ritmo vamos seseando por la ladera francesa.

Casi sin darnos cuenta salimos a los primeros claros y prados de montaña, donde recibimos los primero rayos de sol. El día es fantástico y aunque a la tarde se barrunta tormenta, el haber madrugado nos gratificará con buen tiempo toda la mañana.

Pasamos junto a una borda francesa donde venden queso y disfrutamos de las vistas hacia los valles franceses que también están radiantes con el sol matutino.

Nos acompañará casi siempre en esta cara francesa el Circo de Aspe con la imponente chorrota y las elevadas montañas alrededor. La verdad que toda una maravilla para los sentidos. Vamos francamente bien, la subida aunque continua es muy cómoda de llevar, y el tiempo y las fuerzas acompañan.

 

Cada vez tenemos más ratos de sol y menos sombra de hayas, pues ya pronto entraremos en el collado de la Mujer Muerta donde nos uniremos al GR-11 y disfrutaremos de un ambiente más alpino.

 

Últimos vistazos al Circo de Aspe que se nos muestra imperial, antes de entrar en la vertiente española y donde una vez salvado la mayor parte del desnivel, ya será una senda más llanera y con mucho ambiente.

En la unión con el GR-11 y ya sobrepasado el collado, intuimos el camino y la ubicación del lago…..desde aquí hasta el Ibón, es coser y cantar….

Ana ya vislumbra el hueco del Ibón, y sobrepasado el último colladete, se nos muestra la auténtica maravilla de paisaje.

Llegan los momentos de disfrutar de tan magno paisaje, y de tanta belleza que entra por nuestros ojos. Sin duda, estos lagos de montaña, dada su localización y su entorno, son uno de los recorridos más bonitos y accesibles que podemos realizar, con una recompensa en forma de belleza, única.

Tras las fotos de rigor, echo los pies al agua para saborear el frescor de la montaña y me quedo durante minutos embobado con las montañas, el agua y el entorno.

Hay pocos sitios donde se respire tanta paz y donde poder cargar energía. Montaña en estado puro.

Picoteamos algo y nos hidratamos, a la vez que nos abrigamos algo ya que venimos sudados de la caminata y no conviene coger frío. Sin duda, un ibón más en el recuerdo y una ruta muy sencilla, amena y muy recomendable.

Nos despedimos con unas últimas tomas y emprendemos el camino de retorno, que en poco más de 1 hora nos dejará otra vez en el coche.

Lo dicho, para el que quiera, dejo enlace del track de subida en la sección de tracks-rutas, aunque el sendero está suficientemente marcado, eso sí, llevar el track, siempre es tranquilidad para no despistarse.

 

Un saludo

Al Monte Perdido 3.355m.

Los tres sorores (Cilindro 3.328m., Monte Perdido (3.355m.) Añisclo o Soum de Ramond 3.263m.)

Los Tres Sorores: Cilindro (3.328m.), Monte Perdido (3.355m.) y Añisclo o Soum de Ramond (3.263m.)

Después de bastante tiempo con planes de alta montaña, pero no mucha suerte con la meteorología, este fin de semana pasado, tuvimos la suerte de proponer una buena ruta en la que el tiempo se portó, por lo que pudimos disfrutar de una bella y espectacular ascensión a una de las cimas míticas del Pirineo, el Monte Perdido. Enclavado en el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, es la tercera cima del Pirineo y séptima de España.

Nuestra travesía propuesta era salir temprano de la Pradera de Ordesa, para subir por la Senda los Cazadores, atravesar la Faja de Pelay y llegar al Refugio de Goriz. Aquí haríamos noche y al día siguiente acometeríamos bien temprana la subida normal al Monte Perdido que nos llevaría al lago helado y por la Escupidera a la cima. A continuación os relato un poco el camino con algunas fotos y las sensaciones vividas.

 

Por la senda de los cazadores

Por la senda de los cazadores

Salimos pronto de la Pradera de Ordesa y elegimos la Senda de los Cazadores como ruta alternativa a la común de Gradas de Soaso para cruzar todo el valle glaciar. El desvío se coge a pocos metros del aparcamiento y enseguida que cogemos el desvío, la senda se empina de malas maneras. Es una ruta que tiene un fortísimo desnivel inicial, como de 600 metros que se salvará en apenas 1 hora y media de curvas y recurvas, eso sí, por una de esas sendas de ensueño entre hayas, avetos y pinos, y en esta época del año, no solo con colores otoñales increibles, sino con un manto de hojas bajo los pies.

Senda de los Cazadores

Senda de los Cazadores

Nos lo tomamos con calma, pues a parte del evidente desnivel, queremos disfrutar de las vistas, y sobretodo tenemos que conservar fuerzas para la jornada. Además, vamos bien cargaditos en las mochilas, pues llevamos intención de dormir en tienda junto al refugio. Así pues, vamos ganando metros, poco a poco y sobretodo disfrutando del entorno y de un bosque tan bien conservado.

Senda de los Cazadores

Senda de los Cazadores

En algún claro del sendero, podemos ver parte de lo que posteriormente podremos degustar desde el mirador de Calcilarruego, tal como el circo de Cotatuero, circo de Carriata, y la Faja de las Flores, así como el Pico de Salarons, la Coma Barrau o el Mondorruego.

Coma Barrau y Pico de Salarons

Coma Barrau y Pico de Salarons

Una vez que vamos ganado altura, llegamos a la zona más rocosa, lo que nos informa que estamos llegando al mirador, y que el desnivel que vamos salvando ya es importante.

Senda de los Cazadores

Senda de los Cazadores

Finalmente llegamos al mirador de calcilarruego, que ofrece una fantástica vista de la parte final del Valle de Ordesa. Desde aquí y todavía con la espalda empapada en sudor, vemos gustosos el desnivel salvado desde el aparcamiento hasta la altura de la Faja de Pelay.

Desde el mirador de Calcilarruego

Desde el mirador de Calcilarruego

Tras reponer algo de líquidos, cargamos las mochilas de nuevo y nos adentramos en la fantástica Faja de Pelay, un sendero que llanea por esta Faja ganando metros al valle en dirección al Circo de Soaso. Es una senda muy cómoda y bonita, con pequeños altibajos, pero que va ganando paisajísticamente conforme vas avanzando por ella.

Por la Faja de Pelay

Por la Faja de Pelay a la izquierda de la imagen la Brecha de Rolando y el Pico Descargador

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Por la Faja de Pelay (La Fracuata)

Aunque poco a poco vaya perdiendo protagonismo el bosque de hayas y avetos, aun aguanta algún rincón bien bonito en esta época, que nos hace aun más delicioso el paseo por esta Faja de Pelay

Por la Faja de Pelay

Por la Faja de Pelay

Por la Faja de Pelay

Por la Faja de Pelay

En una de estas revueltas en las que el paisaje se hace infinito, ya podemos disfrutar de las tres Sorores, los tres picos emblemáticos de Ordesa (El Cilindro, el Monte Perdido y el Soum de Ramond o Pico de Añisclo), y que uno de ellos será, nuestro objetivo del fin de semana.

Monte Perdido y Soum de Ramond

Monte Perdido y Soum de Ramond

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Por la Faja de Pelay (A la izquierda casi fuera de la foto el Cilindro) después Monte Perdido y Soum de Ramond

La faja es larga, pero cómoda y tras una larga caminata llegamos al desvío que nos invita a bajar para ver la preciosa cascada de Cola de Caballo, o bien coger el desvío que nos sube al Refugio de Goriz. Nuestro objetivo esta vez es más ambicioso, así que dejamos Cola de Caballo para la inmensa mayoría de gente que vemos caminar por el camino del Gradas de Soaso y nos encaminamos, nuevamente salvando desnivel hacia el ansiado refugio que nos espera tras 1 hora y media más de camino.

Vista del Valle de Ordesa desde lo alto de las Clavijas de Goriz

Vista del Valle de Ordesa desde lo alto de las Clavijas de Goriz

Sobre las Clavijas de Goriz, hay una gran explanada y sobretodo una de esas espectaculares vistas del Valle de Ordesa que nos invita a parar un rato a reponer fuerzas y dejarnos llevar por el entorno alpino que va adquiriendo nuestra caminata. Esta vez, el río Arazas lleva poca agua y la cascada de Cola de Caballo aunque espectacular como siempre, queda un poco descompensada con el colorido y entorno del valle. Aun así en el rato que estamos descansando no paramos de ver llegar gente y más gente por el camino hasta la cascada. Deben ser las doce y es hora punta para la gente que ha elegido la ruta del fondo del valle.

Finalmente y tras un ratejo disfrutando y reponiendo fuerzas, nos ponemos camino al Refugio, punto final de jornada de hoy y punto de partida para la jornada de mañana.

 

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Regugio de Goriz

El Refugio de Goriz, es un  refugio muy bien acondicionado, y muy frecuentado por montañeros y alpinistas por ser punto de partida para algunas de las ascensiones míticas que se pueden realizar por la zona. Para este fin de semana estaba completo, por lo que nosotros optamos por llevarnos una tienda y dormir en los alrededores, practica permitida, si se monta y desmonta la tienda en las horas del ocaso. Así pues, en cuanto la tarde quiere entrar con fuerza, buscamos un sitio preferente y dejamos la tienda preparada para pasar la noche.

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Nuestro campamento junto al Refugio

Después de cenar prontito, sobre las 7, nos metemos en el saco, con intención de entrar un poco en calor, pues la tarde se ha vuelto realmente fría, y con ganas de coger pronto el sueño para descansar, ya que a las 5:00h.  el día siguiente suena el despertador. Del Refugio de Goriz tenemos unas 4 horas de ascensión hasta la cima del Monte Perdido, por lo que decidimos salir bien temprano (sobre las 6:00) y aunque la primera hora de ascensión la hacemos en total oscuridad, sólo con la luz de los frontales, la senda de subida está bien marcada y no hay opción de pérdida.

En unas tres horas de ascensión, llegamos hasta el famoso lago helado, a los mismos pies tanto del Cilindro como del Monte Perdido, tras superar una senda serpenteante y rocosa que tras algunas trepadas fáciles y algún caos de bloque, nos deposita en este collado con el lago, donde paramos para coger fuerzas. La cámara la he dejado en la mochila, por lo que hasta el lago, no hago ni una foto 🙁

Pedro junto al Lago helado y el Cilindro al fondo

Pedro junto al Lago helado y el Cilindro al fondo

El último paso que nos queda es la famosa Escupidera, una canal larga y empinada que da acceso a la antecima del Monte Perdido, y que es el punto negro por excelencia del Pirineo y donde más gente ha muerto por accidente. Es una canal muy traicionera, con un fuerte denivel y lo que la hace muy peligrosa es la inclinación hacia tres escapatorias con una caída mortal. Es decir, que si pierdes pie y no consigues autodetenerte, estas perdido. Nosotros la encontramos con bastante déficit de nieve, por lo que el peligro radicaba más en la piedras que desprendían otros montañeros, que en la propia escupidera. Eso sí, prometemos volver y afrontar esta preciosa canal en condiciones más invernales, tiene que ser toda una subida de adrenalina.

 

Pedro en la Escupidera, con el lago helado y el Cilindro de fondo

Pedro en la Escupidera, con el lago helado y el Cilindro de fondo

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Inicio de la Canal de la Escupidera (Foto de la Bajada)

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Parte final de la Escupidera (Foto de la bajada)

Aunque la nieve no era continua y se podía franquear, subir sin crampones era un ejercicio total de equilibrio y malos pasos, pues sobre la roca afloraba una capita de hielo fino que hacía imposible subir con garantías, así pues, nos calzamos los crampones y decidimos subir por la nieve helada. Medida totalmente acertada que acaban por hacer el resto de montañeros que nos siguen. La nieve está dura y muy buena para los crampones, así que subimos chino chano por la canal disfrutando de cada paso hasta llega a la antecima. La vista de la Cara Este del Cilindro es espectacular, con esos pliegues en la roca y esa imponencia hacia el vacío, toda una delicia que nos acompaña en la subida.

Desde la Antecima del Monte Perdido

Desde la Antecima del Monte Perdido

Uno de los puntos espectaculares de la subida es una vez salido de la canal de la escupidera, y llegas a la antecima del Monte Perdido, y ves ya unas vistas increibles de parte de los Pirineos franceses, el ibón de Marboré, El Tuca Roya, Astazu, Balcón de Pineta, etc…. Sin duda, un buen aperitivo de lo que disfrutaremos desde la cima.

Antecima del Monte Perdido, al fondo Ibón de Marboré y Brecha de Tuca Roya

Antecima del Monte Perdido, al fondo Ibón de Marboré y Brecha de Tuca Roya

Y la última pala, que resulta un mero trámite para nuestros intereses….por fin cima!!!! y disfrutando del regalo que te da este tipo de esfuerzos, una de las vistas más bonitas del Pirineo….así que silencio y a disfrutar.

Monte Perdido 3.355m.

Monte Perdido 3.355m.

 

Aquí os dejo en un enlace a un video donde podéis ver los últimos metros desde la antecima hasta la cima y las vistas….en fin, que lo disfruteis.

(Poner en HD y a pantalla completa y a disfrutar)

Ibon del Sen

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De nuevo por el Valle de Gistain (Bal de Chistau), me decido a realizar la subida al Ibón del Sen, que por lo que había visto en algunas fotos, se trata de un ibón precioso en un entorno muy alpino.La subida puede hacerse casi desde el mismo pueblo de San Juan de Plan, aunque entonces ya hablaríamos de más de 1000 metros de desnivel y el tiempo parece que sólo me ofrecía tregua mañanera. Existe una alternativa más corta que consiste en subir por la pista de San Juan a San Mamés y seguirla hasta encontrarte con la val de Sen. Desde aquí ya nos hemos comido 300 metros de desnivel y dejamos tan sólo 700 desde el coche al Ibón.Así pues cogemos la pista en el mismo San Juan y a disrutar de las vistas que vamos teniendo de la Bal de Chistau y sus picos cercanos.

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La verdad que la mañana está de tregua y aunque hay malos augurios para la tarde, he madrugado lo suficiente para no ir a contrarreloj.El macizo norte del Cotiella con la Peña de las Once y la Peña del Mediodía, se alzan majestuosos junto al valle a la vez que casi nos acompañarán en toda la subida. Mirando al noroeste, se alza también majestuoso el Punta Suelsa (2.972m.) y que me trae estupendos recuerdos de mi anterior visita y subida al pico, su cara sur, todavía cargadita de nieve, ni pensar como tiene que estar la pala de subida por la cara norte.

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Tras unos 15 minutos de subida por una pista bastante irregular (casi obligado todoterreno), por fin llegamos al punto de partida, que tras una curva se nos abre el barranco del Sen. Aquí dejamos el coche y a caminar, que ganicas!!En seguida vemos el cartel indicativo del Ibón y una pequeña presa para control de la erosión.

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El cartel marca 2 horas hasta el ibon, yo creo que son algo menos, en torno a 1 hora y 30 minutos, en cualquier caso, por ahí anda la cosa, dependerá de lo que se enrede uno subiendo.La ruta está perfectamente señalada con las señales de PR, aun así está bastante marcado el camino. Así que senda para arriba y a disfrutar de las praderas cargaditas ya de flores…

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A nuestra espalda siempre majestuoso macizo del Cotiella y preciosa vista del Valle de Gistain. Como tenemos que ir ganando desnivel, el camino ráidamente se torna empinado, pero cómodo, vamos ganando altura a cada paso que vamos dando.Las praderas cargadas de flores y colores de nuestros primeros pasos, se van tornando más simples a medida que vamos ganando altura. Aquí solo algunas gencianas, narcisos y geranios silvestres asiman «el hocico» a una primavera fresca y poco favorable.

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Los arroyos bajan cargaditos de agua, y en seguida nos topamos con los primeros neveros. Sorprende de un principio la cantidad de nieve que aun queda a escasa altura. Mi cabeza empieza a rondar la falta de previsión en dejarme los crampones en casa.Me encuentro con una víctima del invierno, y las marcas típicas de los carroñeros que la han encontrado. Ha tenido que ser un invierno duro. Seguimos para arriba y por suerte ahora, el sendero se viene a la cara más solana. Me cuesta horrores cruzar el arroyo, que baja con ganas, y agradezco la solana para evitarme unos neveros impresionantes de la ladera norte. Ya vislumbro el collado del Ibón, así que me animo y aligero el paso.

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Una vez llegados al collado del Ibón me doy cuenta que tenemos un pre-ibón que deberemos sortear por la pala de nieve. El ambiente ya es muy alpino, muy marciano, y me sigue impresionando la cantidad de nieve que aun presenta para estar metidos ya en Junio.

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Finalmente y tras pasar un acumulo de piedras se abre ante mí el ansiado Ibón del Sen 2.350m. y fantásticamente rodeado por el Pico de Turno y las Agujas del Sen.Con el pertinente almuerzo, fotos varias y conexión total con el lugar, me bajo con muy buen regusto y también con la prisa de saber que aquella tarde metían alerta naranja por tormentas en el Pirineo.

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En definitiva una subida muy facilita, con apenas 700 metros de desnivel, por una senda bien señalada y con un paisaje muy agreste e interesante. Y sobretodo con una recompensa en forma de ibón muy a tener en cuenta. En invierno, intuyo que bastante desaconsejable, pues se apreciaban restos de aludes.

Pirineos III: Cañón de Añísclo

Llegar a la garganta de Añisclo ya es todo un reto. Y si no que se lo digan a los que han ido, porque lo primero que sorprende de este viaje es la estrechez de la carretera una vez pasado el pueblo de Escalona. La carretera se mete en un desfiladero que prácticamente no abandona hasta que no llega a la misma boca de la garganta de Añisclo. Por lo que el disfrute del paisaje empieza mucho antes de llegar a Añisclo. Por suerte esta carretera a día de hoy (no hace mucho era de dos direcciones) es de una sola dirección, y luego completas el circuito volviendo al mismo pueblo (Escalona) por otra carretera. Así se evitan atascos y se hace más fluida la afluencia de público al cañón.
Finalmente llegas a una especie de aparcamiento y a mano derecha te encuentras con la impresionante garganta que se abre ante ti como si de una brecha en el suelo se tratara. El paisaje es abrupto, mágico incluso, no tan de alta montaña como los dos visitados anteriormente pero no por ello menos interesante. Las paredes que se abren a banda y banda del desfiladero se pierden en el cielo, por donde curiosamente revolotean casi de continuo grupo de buitres leonados fácilmente visibles con unos prismáticos.
Para los valientes, la caminata hasta el circo de añisclo (o sea hasta que se acaba la garganta) es de unas 7 horas aprox.

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Lo primero que te da la bienvenida en el desfiladero es una preciosa ermita enclavada en la roca como muestra la fotografía. Y es que a veces me sorprenden los lugares tan recónditos a donde ha llegado la iglesia (en fin…)

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La vegetación es exuberante, tapizando las paredes de la garganta y regados por el frescor del río que por ella discurre. Allí arriba, a lo lejos los farallones calcáreos son espectadores privilegiados de lo que año tras año se va forjando como una de las joyas del Parque Nacional de Ordesa.

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Si me tuviese que quedar con una imagen que resumiera este escondite, esa sería esta foto. Porque me incluye la roca calcárea que protagoniza este desfiladero y porque me muestra la verticalidad que adquieren las paredes y toda ella tapizada hasta “la bandera”. El contraste de verdes, la luz entrando lateralmente y esa pequeña ermita en lo alto de un pequeño cerro a mano derecha son parte de la magia que se puede respirar en añisclo.

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Pero como siempre la vuelta te tiene reservada una última mirada general a tal maravilla y en una de las curvas de la carretera un mirador es el último punto de encuentro de visitantes para llevarte el mejor recuerdo, una foto.

Saludos

Pirineos II: Valle de Pineta

Más primaveral que el Valle de Benasque encontramos al de Pineta, que ofrecía unos contrastes de verdes espectaculares. El día salio redondo, un sol espléndido, una temperatura muy agradable y una cámara ansiosa de retratar tan bello lugar. Lástima que la hora no fuera la propicia para inmortalizar tan bello lugar con un sol tan alto y tan duro, pero se hizo lo que se pudo. Nuevamente con poco tiempo para disfrutar decidimos hacer una pequeña excursión que sube a una impresionante cascada a medio camino de las largas caminatas de los alpinistas más experimentados. Pineta es nuevamente un valle pirenaico que termina en una especie de circo que lo cierra y llama la atención la cantidad de cascadas y saltos de agua que lo pueblan.
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La excursión nos eleva aun más, en busca de uno de esos saltos de agua y nos ofrece una vista privilegiada del valle. Los bosques de hayas que nos rodean, se visten de verdes claros que contrastan fuertemente con los verdes de pinos y abetos y sobretodo con los blancos de la nieve en las cumbres, juntos forman un mosaico precioso regado con el sonido del agua y de techo un azul radiante.
Todo este paseo presidido por una de las cimas más altas del Pirineo, el pico Monte Perdido de 3.355m. y a su derecha el Cilindro de Marboré (3.328m.) que riegan con sus nieves semi-perpétuas el precioso valle.

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Por fin llegamos a la cascada, y nos refrescamos ante el esfuerzo de la subida, una bonita foto de recuerdo y emprendemos la vuelta esta vez junto al río de la cascada. Este descenso es vertiginoso y llego a contar más de 15 saltos de agua.

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Entre el hayedo se cuela el sonido continuo del agua al bajar por la pendiente y en cada curva nos espera una bonita estampa, ya sea de su valle o de sus cascadas. Con más hambre que cansancio abandonamos el precioso valle de Pineta con el buen regusto aun merodeando en nuestra boca y con la promesa de volver, tal vez en Otoño, cuando los colores sean diferentes.

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Saludos y mañana último apartado: Cañón de Añisclo.