Posiblemente…

Una tarde de Febrero del 2006, ahí estaba como un campeón captando las últimas luces del atardecer sobre el cerro del tremedal. La nieve que aun aguantaba ofrecía un precioso contraste y en primer plano, las ramas de los caducifolios se teñían por momentos con la luz del sol.

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Hay que reconocer quehacía un frío del carajo, y más allí de «pie bolo» sin menearme. había que esperar esos últimos rayos de luz sobre la parte alta del cerro. Midiendo bien las luces y compensando con el degradado para no dejar nada a la improvisación del sensor. Finalmente llegó el momento, medio entumecido y con ganas de llegar al coche para saborear la calefacción, disparo las últimas instantáneas.

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Un rápido vistazo hacia el oeste y…..me cambia la cara…. esas siluetas son brutales!!! Encuadre, disparo, encuadre disparo, encuadre disparo……

Sin título

A mi humilde modo de ver, posiblemente sea una de las vistas más fotogénicas de la sierra. Unas siluetas que me cautivaron ya hace más de un año y que me atraen como «las moscas son atraídas hacia la mierda».

He hecho un «collage» con algunas de las tomas que tengo de las numerosas visitas al lugar.

Perdón por la tardanza en los artículos, pero en mis ratos libres (que ahora no son muchos) ando liado con la berrea. Espero poder captar algo decente…..todo se andará.

saludos

Vamos de Orquideas

Tuve la suerte, hace ya más de un año, de que tres socios de la “Asociació
Catalana d’Amics de les Orquidies” se pudieran en contacto conmigo con el fin de concretar una quedada por la zona de Griegos para disfrutar de las orquideas. Pues según me comentaban toda esta zona era muy rica en este tipo de plantas y estaban interesados en venir. Así pues les comenté que no tendría problema en guiarles por la zona y explorar bien el terreno para conseguir avistar el máximo número posible de ellas. Esta conversación quedó muerta durante todo el otoño y el invierno, hasta que a principios de primavera, los tres socios, Luis Salvador, Francesc Jonch y Francesc López, se pusieron de nuevo en contacto para la quedada.

Así pues la cosa no quedó saco vacío y enseguida quedamos en el día y la hora.

El día fue de menos a más, al principio, tan solo nos encontramos con Orchis Cazorlensis, en algunas laderas del “pajarejo” de orea y aguas amargas. Aun así eran muy abundantes y las retratamos a “mansalva”.

Sus tonalidades suaves me resultaron fascinantes, unidos a las gotitas de la lluvia nocturna, todo un lujo.


Orchis cazorlensis



Estuvimos también por la Muela de San Juan en busca de una rareza, que finalmente no encontramos. Pero les comenté que la dehesa boyal era muy rica en flores y algunas especies de orquídeas, así que con algo de desanimo por no encontrar la de la “muela” nos adentramos en la dehesa boyal que por aquel entonces rebosaba de flores.

Fue en este punto donde los tres amigos “fliparon” (y perdón por la expresión), pero es que se quedaron alucinados del biótopo que allí se encontraron, y no solo de orquídeas, sino de flora en general.

Pude además descubrir orquídeas que ni sabía que lo eran. Como por ejemplo este ejemplar de Listera ovata



Listera ovata


O este Coeloglossum viride



Coeloglossum viride


Y como no, disfrutar de algunas más comunes y que bañaban de color las praderas de la dehesa.

Conjunto de Orchis morio ssp. Champagneuxii



Orchis morio ssp. champagneuxii




Pero era mi obsesión la familia de las Oprhys (las abejeras), flores peludas que tanto había ansiado fotografiar y que nunca encontraba. Pues bien, ni más ni menos que de tres especies pudimos dar “caza” fotográfica. Se tratan por este orden de:

Oprhys lutea




Orphys lutea


Oprhys castellana




Oprhys castellana





Oprhys scolopax




Ophrys scolopax

Fue sin dudarlo, uno de mis mejores días primaverales este año. Disfrutamos (todos) como niños. Así pues aprovecho para agradecer desde aquí a los tres compañeros Luis Salvador, Francesc Jonch y Francesc López por lo grata de su compañía, por el día tan estupendo que pasamos y porque ser repita cada primavera.


saludos



Una batalla ganada

Ya se sabe que la fauna es caprichosa y así nos lo hizo constar durante 4 o 5 mañanas más de madrugón sin resultado. Pero el que la sigue la consigue y tras alguna exploración del terreno, decidimos cambiar el puesto a otro lugar con bastantes señales de paso. Y así fue como la suerte cambió a nuestro favor.
Los animales tomaron el rumbo adecuado y todo y que justo antes de llegar a nuestro puesto se desviaron, pudimos contemplarlos en todo su esplendor. Me obligaron a “disparar” a pulso y en mala posición, pero aun así saqué algún retrato entre la espesura.

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También una hembra y su cría se sumaron a la visita

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En definitiva, un buen sabor de boca después de tanto madrugón. Una batalla ganada. Se acerca, pues la berrea y nos volveremos a ver, a retar, a enfrentar, pero eso sí, sin el más mínimo derramamiento de sangre.


saludos

Una batalla perdida

Seis de la mañana y suena el despertador, hay sueño, pero también ilusión. Me levanto y me asomo a la ventana: todavía es noche cerrada. Tiempo suficiente para desayunar algo y reunirnos con el resto de “expedicionarios”. Miramos el termómetro (12ºC), así que cogemos ropa de abrigo, lo más discretita posible.

Tras diez minutos en coche, aparcamos en el lugar señalado previamente y tras salir del coche comprobamos que hace fresco y que ya empieza a haber algo de claridad. Así pues nos adentramos en el bosque.

No caminamos sin rumbo, sino que conocemos bien el camino. Y tras un par de minutos andando, llegamos al puesto. Desde los puntales, ya divisamos nuestras “presas” saliendo de los trigos y encaminandose hacia la espesura del bosque. Aun no ha amanecido pero ya hay claridad suficiente.

Como si de unos niños en la guardería se tratara, se sitúan en fila india y van siguiendo los pasos del “maestro”, que suele ser el ciervo que abre manada y que dirige, advierte de peligros y está más alerta. Suele ser un ejemplar adulto, por lo que acostumbra a tener una cuerna considerable.

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Una vez que los perdemos de vista en la espesura, es hora ya de colocarnos en el puesto a esperar a que lleguen a nosotros. Es entonces cuando llega la tensa espera, en silencio y rezando para que el aire no te la juegue. La espera dura entre 20 y 45 minutos, que es el tiempo en el que disfrutamos del amanecer sobre la cima de Peñablanca y de las primeras luces entrando entre los pinos.


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Absortos en el fantástico espectáculo solar, un ruido de casquijos, nos advierte de la cercanía de los ciervos. Venían directos a nosotros, pero tal vez el aire, o tal vez una madrugadora pareja de paseantes de Griegos hacen variar el rumbo habitual de los animales hacia otros derroteros. Y aunque podemos darnos por vencidos, decidimos aguantar un poco más en espera de algún otro grupo (aunque con poca esperanza).

En este último ratito de espera me divierto siguiendo los pasos de ágiles de un Carbonerillo de rama en rama, en sus quehaceres matutinos y favorecido por la preciosa luz del amanecer


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Ya se sabe que en muchos casos la suerte es un grado y en esta mañana no la ha habido. Aun así tan solo hemos perdido una batalla, que no la guerra.

CONTINUARA…