Una batalla perdida

Seis de la mañana y suena el despertador, hay sueño, pero también ilusión. Me levanto y me asomo a la ventana: todavía es noche cerrada. Tiempo suficiente para desayunar algo y reunirnos con el resto de “expedicionarios”. Miramos el termómetro (12ºC), así que cogemos ropa de abrigo, lo más discretita posible.

Tras diez minutos en coche, aparcamos en el lugar señalado previamente y tras salir del coche comprobamos que hace fresco y que ya empieza a haber algo de claridad. Así pues nos adentramos en el bosque.

No caminamos sin rumbo, sino que conocemos bien el camino. Y tras un par de minutos andando, llegamos al puesto. Desde los puntales, ya divisamos nuestras “presas” saliendo de los trigos y encaminandose hacia la espesura del bosque. Aun no ha amanecido pero ya hay claridad suficiente.

Como si de unos niños en la guardería se tratara, se sitúan en fila india y van siguiendo los pasos del “maestro”, que suele ser el ciervo que abre manada y que dirige, advierte de peligros y está más alerta. Suele ser un ejemplar adulto, por lo que acostumbra a tener una cuerna considerable.

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Una vez que los perdemos de vista en la espesura, es hora ya de colocarnos en el puesto a esperar a que lleguen a nosotros. Es entonces cuando llega la tensa espera, en silencio y rezando para que el aire no te la juegue. La espera dura entre 20 y 45 minutos, que es el tiempo en el que disfrutamos del amanecer sobre la cima de Peñablanca y de las primeras luces entrando entre los pinos.


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Absortos en el fantástico espectáculo solar, un ruido de casquijos, nos advierte de la cercanía de los ciervos. Venían directos a nosotros, pero tal vez el aire, o tal vez una madrugadora pareja de paseantes de Griegos hacen variar el rumbo habitual de los animales hacia otros derroteros. Y aunque podemos darnos por vencidos, decidimos aguantar un poco más en espera de algún otro grupo (aunque con poca esperanza).

En este último ratito de espera me divierto siguiendo los pasos de ágiles de un Carbonerillo de rama en rama, en sus quehaceres matutinos y favorecido por la preciosa luz del amanecer


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Ya se sabe que en muchos casos la suerte es un grado y en esta mañana no la ha habido. Aun así tan solo hemos perdido una batalla, que no la guerra.

CONTINUARA…

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Mañana de Hide

La metodología básica de estos animalejos es más o menos siempre la misma para casi todas las especies. El primer paso es observar el bebedero desde un árbol cercano y cerciorarse de que no hay peligro alguno. (si lo ves llegar al árbol es un buen indicativo para estar preparado). Como segunda tarea de acercamiento se posan en un lugar aun más cercano al agua (escasos 30 o 50 cm), ya sea el suelo o tal vez algún tronco o rama en el suelo. Un último vistazo alrededor para descartar cualquier peligro y se lanzan al agua. Una vez allí, o bien sacian su sed y se van o muy a menudo se dan un refrescante baño que les limpia y refresca.
Esta más o menos es la metodología que siguen todas las especies, algunas más nerviosas y más rápidas, otras más confiadas y tranquilas.
Como casi siempre, el primero en bajar y menos receloso fue el Pinzón vulgar. En este caso un macho al que retratamos de mil y una maneras. Es un pajarillo muy común, pero realmente tiene unos colores fascinantes. En su posadero y posteriormente en su baño.
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Una buena sorpresa que entró en repetidas ocasiones fue esta hembra de Piquituerto, realmente curiosa la forma de su pico. Esperábamos ver al macho (de un color rosa precioso) a lo largo del día, pero tuvimos que plegar antes de tiempo 😦

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A este precioso Trepador Azul, lo llegamos a tener a tan solo 25cm de nuestros ojos, encima de nuestras cabezas casi entra al hide. Finalmente un buen baño al estilo “¡¡mueve la colita bonita rica, mueve la colita!!”

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También nos visitó este Carbonero Garrapinos (el más pequeño y nervioso de todos) que se llevó un buen baño y alguna que otra toma.

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Por último la más grande, el Mirlo, también se dejó retratar, sólo una foto, su entrada al agua fue vista y no vista. Increíble su sigilo y rapidez.

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Y esto fue todo, luego tocó recoger trastos y calarnos hasta los huesos.
Próximamente la segunda parte.

saludos