El summun de la mala suerte

AVISO QUE LAS IMÁGENES NO SON AGRADABLES SI ERES SENSIBLE

Aunque muchas veces no lo creamos, la naturaleza tiene dos caras. Yo casi siempre opto por enseñaros la cara buena, la cara bonita, atrayente, seductora, ese marco incomparable que ofrece el monte y sus animales al más puro estilo bambi. Pero hay ocasiones donde la crudeza y por ende, la realidad, no es tan dulce ni tan gustosa. El otro día, en mis quehaceres diarios me topé con esta escena.

Aparentemente no deja de ser muy diferente a otras que me he encontrado. Los restos de una cierva muerta y carroñeada por los buitres, en el que sólo queda piel y huesos. Hasta aquí, todo correcto. Empiezas a hacerte preguntas: ¿Muerte natural?, ¿Enfermedad?, ¿Disparo?……pero empiezas a ver y a indagar…….y ya ves que ahí pasa algo raro.

Una de las patas del animal se encuentra atrapada en la «V» que forma el pino al dividirse. Me acerco a inspeccionar y esta es la escena desde el otro lado.

El hueso del animal, roto y aguantado sólo por los ligamentos. Además se ve la corteza del pino en la zona de inserción muy desgastada. Y ahora ya empiezo a ver la escena un poco clara:

A la cierva se le ha encajado la pata en la «V» del árbol y no ha sido capaz de desatascarla, muriendo seguramente de sed e inanición, si duda una muerte sumamente cruel. A la que posteriormente han dado buena cuenta los buitres.

Pero hay una pregunta más, ¿Cómo ha llegado a poner la pata ahí arriba para que se le quede encajada en la «V» del árbol?. Pues aunque parezca mentira, sólo había que mirar hacia arriba.

Justo encima de la pata, en una rama bajera hay una mata grande de Muérdago ramoneada hasta la misma base. Por lo que todo el puzzle se compone. El animal apoyó una o dos patas sobre el tronco para elevarse y comer el sabroso muérdago (es decir se puso a dos patas) por alguna razón una de las patas resbaló y se encajó en la «V» del árbol y se quedó trabada. Imagina el tiempo que estuvo forcejeando para sacarla hasta que le llegó la muerte.

En definitiva, es una imagen más de naturaleza, aunque igual esta naturaleza no es tan dulce como las otras que os enseño, pero es al fin y al cabo un cacho de naturaleza. Curiosa, eso sí, dolorosa de ver y pensar sobretodo en el sufrimiento del animal. Al fin y al cabo es el summun de la mala suerte……

El río que se hiela….

Bueno pues después de algunas semanas sin realizar una ruta como Dios manda, hoy me he decidido a meterme de lleno en los barrancos del Tajo, a ver que encontraba por allí, después de estas semanas de anticiclón y temperaturas bajo cero en los fondos de los valles.

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La ruta en cuestión es la que marco en el mapa. Por la pista que cruza el collado del 19 y del escorial, digamos la parte trasera del nacimiento del Río Cuervo, llegamos a un puntal conocido como la Tabernilla. Ahí he dejado el coche y he bajado a ver el Poljé que había cercano, para luego ir a buscar un descargadero que hay en la cara Noroeste de las Decimadas, y desde aquí bajada hasta el mismo río. Llegados al Tajo, nos encontramos a medio camino entre el frecuentado Rambla amarilla (arroyo los huecos) y el camino de la Vega, a apenas 500 metros del estrecho donde dinamitaban antaño para hacer bajar la madera por el río en el siglo pasado.
Así pues, empezamos:

La primera visita me la ofrece una moza habitante de estos bosques, que posa muy coqueta entre pinos y que abandona mi visión con la parsimonia que a veces demuestran. Un par de fotos, y a la saca!!
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Llegados al Poljé, el frío se nota, y es que aun es relativamente temprano (rondarán las 11 de la mañana) y el frío aun le cuesta moverse, ya se sabe, el sol tiene poca chicha a estas alturas de mes. La fabulosa Lechetrezna o Euphorbia mantiene su colorido excepcional a pesar de vivir, a veces en las peores condiciones….aquí dándose un precioso baño de luz matutino.

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Desde el collado de las Decimadas, y antes de embocarme en el descargadero, se muestra altiva la cordillera solana del Tajo, en este caso, majestuosa «La Campana», para mí, una de las joyitas escondidas del Alto Tajo.

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Levanto bichos a diestro y siniestro, aunque no me llega para afotarlos, así que decido poner rumbo al río. La bajada se torna a veces peligrosa, la nieve ha trasformado y en ocasiones echo en falta los crampones, no será la última vez que los eche en falta en la ruta. Al final, la mejor manera de bajar es meterme en la umbría pura, buscando el espesor de nieve para evitar tener un traspiés.
Al rato de castigar las piernas, ya me encuentro en el río. El ambiente es gélido, y lo primero que me topo es este fantástico gotial plenamente congelado.

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Tomo dirección río arriba en busca del estrecho y el espectáculo de hielo es fantástico

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La capa de hielo es variable dependiendo de la remansez del agua y la orientación del tramo del río, habiendo zonas en las que puedo ponerme de pie en mitad del río y otras en las que puedo ver el correr del agua.
Por suerte, el sol calentando la ladera norte me ofrece unos reflejos únicos, que aprovecho en cada encuadre, disfrutando muchísimo de los encuadres.

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Finalmente, las dos moles de piedra me anuncian la llegada al comienzo del estrecho. Ni tan siquiera barajo la posibilidad de pasarlo por encima del hielo, pues una crujida de éste y el remojo es considerable, así que opto por la opción fácil del «escaqueo» salvando el estrecho por arriba.

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Una vez arriba, las vistas vuelven a ser fantásticas, río arriba y abajo. Así que aprovecho para deleitarme unos minutos y descubrir algunos buitres posados en los cantiles.

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De bajada hacia el final del estrecho, puedo comprobar que estaba bien cuajadito de hielo, que recuerdos me vienen de pasarlo nadando en verano…..

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En fin, de vuelta al rio de nuevo, vuelvo a disfrutar de formas, encuadres, luces y demás, y la verdad sin pasar mucho frío, ya que aunque la temperatura es baja, voy bien equipado y la ruta me ha calentado bien los músculos.

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De nuevo, un mini estrecho que me obliga a un nuevo escaqueo, esta vez disfrutando del hielo reinante en cualquier pared.

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Finalmente encuentro el ramal que me obliga a desviarme del río y subir por un vallejo en busca del retorno al coche.
El vallejo es umbrío al 100% y pronto me encuentro con algún que otro problemilla. (cuanto hubiera disfrutado aquí de nuevo con crampones),
Pero bueno, con algo de maña y no menos prudencia, cruzo el mini estrecho sobre el hielo disfrutando de esta dificultad añadida en la ruta.

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Y en cuanto llego a la pradera, allí están esperándome de nuevo unas ciervas que ya estaban dando buena cuenta de los pastos que habían quedado destapados de la nieve. Un par de tomas y una más para inmortalizar el lugar, y para el coche que las piernas ya van cargaditas con la ruta.

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Una ruta en general que me deja con muy buen sabor de boca, preciosas estampas invernales y una zona que cada día me gusta más por su tranquilidad y rincones.

Ruta muy recomendada pero con precauciones, sobretodo GPS o mapa ya que es facilísimo despistarse y el día se puede torcer y de que manera, además de conocer un poco la zona.
El recorrido lo hice en unas 4 horas y media contando paradas a fotografiar y comer y tal…
En verano también es recomendado hacerlo sobretodo por los remojones que te puedas dar en los estrechos.

En fin, poco más, como hacía días que no subía nada, pues aquí va este «super repor», y espero que os haya gustado.

Es la hora

Reanudamos…

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Los ciervos machos han tenido su protagonismo, durante la berrea y estos meses atrás durante el desmogue, es ahora el turno de las hembras, que tras la gestación empieza la temporada de partos.

Los días empiezan a ser gustosos, los pastos estan a rebosar y las ciervas modifican levemente sus rutinas para dar a luz a las nuevas generaciones.
La espesura del bosque suele ser su mejor aliado, un sitio tranquilo y a salvo de miradas indiscretas.

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Tan solo hay que desearles que todo les venga bien.

Las dos fotos sacadas en un rincón del «pajarejo», ya en término de Orea, una tarde de hará un par de semanas.

saludos