La Ley del Otoño

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Llueva o no llueva, el otoño siempre llega y llena de colores y sonidos cada rincón de nuestra sierra. Los más agradecidos siempre son los Arces de Montpellier (Acer monspessulanum), bastante comunes en nuestra sierra y que son los primeros en mostrar su traje otoñal. Son inconfundibles por su tono rojizo fuerte, en su etapa más madura de coloración. Soportan muy bien la sequedad, así que podemos encontrarlos incluso en barrancos pedregosos donde difícilmente encontraríamos otra caduca. Así como sobre cualquier suelo, ya sea calcáreo o siliceo, como bien muestran las fotos.

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La Peña del Castillo, emplazado en mitad de la garganta de Noguera, es un buen punto de partida para atacar estos paisajes otoñales. Pues los Arces de Montpellier en primer orden y posteriormente los Rebollos (Quercus pyrenaica) irán poniendose el traje otoñal para deleite de nuestro objetivo. Además, si la temporada es buena, podemos sumar alguna seta a las tomas o bien tener la suerte de ver algun ciervo, que en estos lares les gusta berrear en esta época.

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Y deambulando por esa Peña del Castillo, nos encontramos con esto:

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Sin duda había sido un asesinato en toda regla, jejejej, ahora había que determinar 2 cosas: ¿Quién era la víctima? y ¿Quién era el asesino?
Lo primero que hay que mirar es el cálamo de las plumas (parte del raquis que se inserta en el cuerpo del ave), pues podemos descenmascarar al asesino:
  – Si están arrancadas—–> es un ave (rapaz diurna o nocturna)
  – Si están mordidas——-> es una carnívoro (zorro, garduña, etc…)
Éstas estaban arrancadas así que el asesino es una rapaz….ahora falta saber cual…
Me llevé unas muestras de plumas para identificar la victima.

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Existe una página web que nos proporciona mucha información sobre plumas de aves. Está en inglés, pero es bastante intuitiva, y conociendo la nomenclatura latina del ave, te sobra. Es ir mirando y comprobando con las que tú tienes. Ya sean plumas primarias, secundarias, remeras o las que sean. Sin poner la mano en el fuego, diría que se trata de un Azor (Accipiter gentilis).

Así pues si os encontrais con un “asesinato” en toda regla, ya sabeis algun método de identificación de plumas.

saludos

 

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Por otro lado, os dejo las últimas cifras de precipitación que hemos recogido por aquí:

Datos hasta las 18 horas de hoy

Tragacete 41 mm.
Uña 40,2 mm.
Laguna del Marquesado 39,4 mm.
Sierra Molina 31,4 mm.
Muela de San Juan 30,8 mm.
Griegos 29,1 mm.
Salvacañete 25,6 mm.
Peralejos de las Truchas 21,9 mm.
Valdecuenca 21,4 mm.
Tramacastilla 21,2 mm.
Checa 18 mm.
Orihuela del Tremedal 15,8 mm.
Setiles 12,8 mm.
Molina de Aragon 12,3 mm.
Albarracin 10,6 mm.

Fuente: SAIH Tajo, SAIH Jucar y Meteoclimatic
nota: mm.= litros/metro cuadrado

Claro ejemplo de situaciones de SW donde los pluvios de sotavento se riegan poco a diferencia de los bien situados. La Serranía de Cuenca y la sierra limítrofe a ésta, a recibir…el resto…a conformarse.

Este ejemplo es más acusado en el Pirineo, por ejemplo….el Parador de Monte Perdido reporta 240 litros…

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La Egagrópila (Ega… ¿¿qué??)

Muchas veces hemos disfrutado identificando huellas y señales en el campo, en nuestras andanzas campechanas por un bosque, un arroyo o entre los campos de cultivo podemos encontrar infinidad de rastros que nos darán buena información de las especies que podemos encontrar en aquel biótopo.

Ya sea las huellas en un terreno fangoso o en la nieve, o incluso el rastro en los caminos que los animales van formando en sus correrías diarias. También los excrementos, fácilmente identificables en muchos casos, nos darán mucha información sobre las diferentes especies, abundancia o querencia por ciertos lugares.

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Existen un sinfín de señales y rastros que podemos encontrar en la naturaleza, aunque algunos sean ligeramente más complejos, pero no por ello menos importantes.

Hoy vamos a intentar explicar uno de los rastros, para mi, más fascinantes y más divertidos de cuantos podamos encontrar en nuestras andanzas por el campo.


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La comúnmente llamada Egagrópila y que a más de uno sonará a cuento chino, es un rastro muy importante que dejan algunas aves (especialmente rapaces) en sus posaderos habituales. La egagrópila no es más que una regurgitación de estas aves con los restos de las presas que su estómago no ha digerido (pelos, huesos, corazas de insectos, etc…). Es decir, y a modo de ejemplo, cuando un Búho Real desde su oteadero habitual de caza divisa un ratoncillo merodeando por su territorio, se lanza a su captura, acto seguido y tras la captura (si ha tenido suerte) lo engulle entero. Un tiempo después, su estómago digiere al ratón, y forma una bola con los restos que no puede digerir. Esta bola acaba expulsada por la boca a modo de regurgitación. Y aunque parezca mentira, esta bola de pelos, huesos y demás restos, es una herramienta valiosísima para naturalistas y estudiosos de las aves. Es una especie de libro abierto donde podremos saber de qué especie se trata (búho, lechuza, ratonero, etc…) y de qué se alimenta (topillo, ratón, insectos, etc..)

¿Dónde se encuentran estas egagrópilias? Pues básicamente en los posaderos habituales de estas aves, suele haber esparcidos por el suelo unas cuantas “pelotas” de pelo y diversos restos. Conviene por ello conocer y localizar sus posaderos o atalayas preferidas, con un buen trabajo de observación y rastrear cualquier posible localización en busca de estas egagrópilas.

Hoy os voy a enseñar, de modo aficionado, cómo desmenuzar estas “bolas”, extrayendo lo que nos interesa e identificando al autor y sus presas.

Es interesante disponer de libros o documentación que nos ayuden a la hora de identificar tanto las egagrópilas como los restos encontrados en ella. El tamaño, color, textura, etc. Es un factor que nos ayudará en la identificación de la rapaz, aunque en muchas ocasiones no quede claro del todo, y sea la observación directa, la que nos saque de toda duda.

Una vez medida y fotografiada, procederemos a desmenuzarla, con un poco de agua, un pequeño recipiente y unas pinzas para manejarla, será suficiente. La egagrópila se deshace sin mayores problemas en el agua, y podremos ir extrayendo hueso por hueso todos los restos.

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Una vez extraídos, una buena lupa o mejor, un sencillo microscopio nos puede ser de gran ayuda a la hora de identificar las especies que contiene. Evidentemente necesitaremos documentación de cráneos, fórmulas dentarias y formas dentarias para saber con exactitud de la especie que se trata. Mediremos con exactitud y observaremos detenidamente, formas, tamaños y disposición de los dientes. Cualquier hendidura en los maxilares, o longitud de diferentes partes puede decantar la balanza hacia uno u otra especie.

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Y finalmente podremos hacer un veredicto de la especie que se trata y las presas encontradas. Todo ello nos sirve, además de para saber qué especies de aves tenemos en nuestros bosques, también nos informa de los pequeños mamíferos o insectos que las habitan. Y muchos datos, como abundancia de rapaces y roedores, dietas y preferencias alimenticias, estatus poblacional, y un larguísimo etcétera.

 

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Se podría profundizar mucho más en el tema, aunque pienso que sería entrar ya en temas específicos y científicos que carecen de interés, además de que mis conocimientos, de momento, son pocos y limitados (pura afición).

Aun así, os dejo esta otra foto, que son los restos más destacados obtenidos de 4 egagrópilas de un mismo posadero, también de los alrededores de Griegos. El cráneo es de musaraña y el exoesqueleto del insecto conocido vulgarmente como “cortapichas”

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En fin, como veis se puede exprimir aun más nuestros salidas al campo, y disfrutar de mejores conocimientos en materia de Fauna. Todo es ponerse.