Por el secarral??

Seguramente si hablamos de Pozondón y sus alrededores, no levantaremos mucho la voz describiendo grandes bosques o hermosos ríos, todo y que algun barranco alberga un microclima espectacular, la gran mayoría de su paisaje es la famosa y denominada paramera ibérica. Una comunidad vegetal exclusiva y adaptada a tres básicos limitantes, como son un suelo pobre y seco, un rigor climático y muy continental (inviernos muy fríos y veranos muy calurosos) y sobretodo una exposición total al viento y la ventisca. Estos son factores limitantes para el devenir de la flora y la fauna, pero como en toda naturaleza hay adaptaciones fantásticas. Estrategias para cada rigor y con unos resultados más que sorprendentes. Poco a poco, y ahora que lo tengo un poco más cerca, iremos desgranando estas especies y sus adaptaciones y sobretodo dejaremos de ver estas parameras como simples secarrales.

Cuando aun no ha despuntado más que las primeras briznas verdes y algun tímido amarillo de los narcisos en las zonas más boscosas y altas de la sierra, en las parameras la actividad empieza también su curso, las abundantes nieve invernales, son suficientes para activar la savia de muchas plantas adormecidas y aunque aun sopla fuerte el viento post-invernal, algunas plantas empiezan a vestirse de gala, para el corto periodo primaveral.

Después de maldecir con “me cagoen….”, “su madre….” y “me voy a cagar en la….”, cada vez que mis piernas se untan de la puntiaguda defensa de las aliagas, me doy cuenta que en las zonas favorables, ya van tomando ese tonillo amarillo chillón que impregnará en sucesivas semanas la práctica totalidad de la paramera. Todas las barbadidades que suelo decirles cada vez que pruebo sus espinosas ramillas, se transforman en deliciosas palabras y babeante deleite ante tanta belleza cercana.

La floración de la aliaga (Genista scorpius) resulta espectacular, decenas y decenas de florecillas inundan cada rama llegando a tapar por completo las afiladas espinas. Resulta imposible encuadrar una sola flor, todas quieren entrar en el recuadro de la foto, y no me queda otro remedio que hacer una foto de grupo, que bien lo merece.

 

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En pocos días, se podrá ver la espectacularidad de esta planta y sobretodo la abundancia que tiene por esta zona. Lo dicho, gusta de suelos pedregosos secos y calcareos o yesosos.

 

 

Mi deambular por la zona me lleva entre carrascas a jugar un poquito con los contraluces, pues en el centro de estas tupidas encinas, la luz entra con cuentagotas. Y cada elemento que recibe un soplo de luz, es un modelo pidiendo a gritos unos encuadres. Aquí podemos jugar con las nerviaciones de las hojas y su caprichosa formación, destacan también los ápices con una pequeña aguja, que confieren a la hoja de la carrasca esa silueta tan característica, parecen como úñas afiladas.

 

Es en la base de esas carrascas y en zonas un poco más recogidas, donde una mata rastrera todo lo invade. La famosa, o no tanto Gayuba (Arctostaphylos uva-ursi). Casualmente también está en plena floración, cosa que aprovecho sin duda, “cuerpo a tierra” y a disfrutar. Me llama sobremanera, lo tupido de la planta, hojas y más hojas, forman un auténtico tapiz en el suelo, como si de una alfombra persa se tratara y salpicadas, las fantásticas y fotogénicas flores en forma de campanilla, con esos tonos blanquecinos y rosa. Luego esas florecillas acampanadas pasarán a ser un fruto rojo muy suculento….a ver si puedo fotografiarlo en su época y os lo presento.

 

Es una planta medicinal de importancia, pues se utilizaba en el norte de Europa como tratamiento para enfermedades de las vias urinarias. Otra curiosidad reside en que el fruto rojo es comestible, aunque de sabor harinoso y poco agradable, ha sido un suculento manjar en el norte para los Osos. Por la sierra está bastante repartido en los bosques propicios, pudiendose ver por ejemplo en el rodeno de albarracín, el Vallecillo, Moscardon, Bezas, Tormón, Frías, Noguera, Gea, etc….

 

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Así pues, conviene cambiarse el hábito de nombrar secarral a lo que en verdad, no lo es.

saludos

La ventana

Quizás sea otra manera de ver la famosa sabina centenaria de Monterde. La ventana de uno de los “casetos” que allí se agrupan es una mirada única para disfrutar de este bello ejemplar. Además de un verdor excepcional de primavera, unas aliagas en plena floración y el gamón extendiendo su capullo floral, hacen de este paraje un lugar ideal para pegarse una escapada. El invierno es brutal, el verano abrasador y el otoño poco fructífero, así pues, no vale perder el tiempo por estas parameras calizas en otra época que no sea la primaveral. Eso sí, en primavera el paisaje es único.