Decisiones ¿acertadas?

La otra tarde estuve con la “moza oriolana” de paseo por el campo. Es una buena terapia, un buen paseito disfrutando de las agradables temperaturas que empezamos a tener. Agradable compañía y buena conversación en un marco inigualable, ¿Qué más se puede pedir?

Me decanté aquella tarde por el objetivo macro, con la intención de buscar alguna florecilla tempranera en nuestro paseo, y me dejé la mochila en el coche con los demás objetivos y trastos (la verdad que es que para un paseo con la moza, no me apetecía cargar con toda la mochila).

No había nada propuesto, la intención era caminar sin más, pero al acercarnos a una de mis habituales zonas de acecho, le pregunté que qué tal le parecía si nos acercáramos a unos praditos que conozco a ver si veíamos alguna cierva?? No estaba muy animada, pues aun había que caminar un rato más, pero con un poco de cara de pena, convenzo a cualquiera.

He de reconocer que mientras nos acercábamos al paraje, iba rezando por dentro de mí, para que al menos viésemos alguna cierva, porque si no, está claro que alguien esa tarde me hubiese matado después de la caminata. Aunque bien sabía que el sitio no me podía defraudar, como casi todas la veces que he estado por allí.


La experiencia es un grado y a muy buena distancia, entre los pinos, ya pude saborear la victoria. “¿No los veo?, ¿No los veo?” me decía, “espera que les sacaré una foto y te la amplío”. Y así lo hice.



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Copia de IMG_6718-01

De entre la maraña de ramas secas aparecieron cuatro fornidas hembras pastando en el sitio que yo esperaba que estuvieran pastando. Hicimos pues, lo propio, acercamiento con sigilo, saboreando el aire en contra que no nos delataría y sorteando las ramas y hojas esturreadas por el suelo que de buen seguro hubiesen avisado de nuestra presencia.


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Allí estaban, a su aire, sin percatarse de que eran vigiladas y aun cuando nos cansamos de permanecer al acecho y decidimos ponernos en pie, seguían sin vernos. Así pues, estuvimos disfrutando de ellas, hasta que desaparecieron en la espesura camino, de buen seguro, de los frescos pastos de trigo un poco más abajo.


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Pero no acabó la cosa con estas ciervas, aun vimos, y más cerca otro trío maravillas. Primero sin percatarse, luego viéndonos y acto seguido poniendo tierra por medio.

El buen regusto que te deja la tarde con un buen paseo y un buen avistamiento hacen que uno se olvide de todos los problemas.


“A Dios pongo por testigo, ¡¡¡QUE JAMÁS ME DEJARÉ EL TELEOBJETIVO EN EL COCHE!!!” (menudas fotos perdidas!!) XD


Todas las fotos echas con el 90mm. macro (aunque me hubiese gustado que hubiesen sido con el 400mm. “snif, snif”)

saludos

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