Ruta del Cares (Poncebos-Caín)

En nuestra escapada por Asturias decidimos hacer la famosa Ruta del Cares, ya que habíamos oído hablar mucho de ella y queríamos saborearla “in situ”. Así que nos planificamos con la predicción meteorológica un buen día, ya que la ruta, debido a su longitud iba a llevarnos prácticamente toda la jornada.

Un poco de situación:

Aunque históricamente la Ruta era mucho más larga, el 90% de los excursionistas se centran en el recorrido entre los pueblos de Poncebos (Asturias) y Caín (León), concretamente por la Garganta Divina, ya que es el tramo más espectacular de la senda. Este recorrido fue habilitado como parte de la obra hidráulica que se construyó para abastecer de agua la Central Hidroeléctrica de Camarmeña, y que durante todo el recorrido se puede ver tan magna obra de ingeniería, muchas veces excavada en la misma roca y que actualmente se encuentra en desuso. Hay algunos paneles explicativos sobre dicha obra y su construcción, así como de los lugareños que la hicieron.

La Ruta:

La ruta en sí, que explicaremos aquí, es la que hace todo el mundo y que discurre entre Poncebos y Caín, y que cuenta con un total de 12 Kilómetros (SOLO IDA!!!). Por lo que si no queréis pagar taxi o similar para volver, os tocará hacer 24 kms andando, ida y vuelta. Por suerte, el perfil es bastante suave, y aunque hay subidas y bajadas, no son excesivamente largas ni pronunciadas. Sólo mencionar unos 2 kilómetros y medio que hay de subida desde Poncebos hasta “los Collaos” donde sí que hay algo más de desnivel y puede ser fatigoso para quien no esté muy acostumbrado, aunque tomándoselo con calma, no reviste mayor dificultad.

Nosotros, al ser Septiembre, dejamos el coche en el puente de Torbanes donde está el desvío a Sotres, junto al Funicular de Bulnes, hay un pequeño aparcamiento, y sino en la misma cuneta de la carretera a Sotres. En caso de ser Julio o Agosto, hay que dejarlo antes de la central de Camarmeña, en los sitios habilitados, ya que se satura.

La verdad es que desde el puente de Torbanes, ya se observa un precioso valle angosto surcado por el río Cares, y por suerte para nosotros, un día espléndido el que nos iba a acompañar, sol y agradable temperatura, sin excesivo calor. Cogiendo la carretera río arriba, pasamos junto a un hostal-bar, idóneo para la vuelta echar la cervecita de rigor, y un poquito más adelante, se desvía a mano izquierda por un vallejo, el sendero que sube al pueblo de Bulnes. Y apenas 150 metros más arriba, un nuevo panel explicativo de la ruta del Cares, y un desvío de empinada cuesta a mano derecha que nos pone en situación de empezar la ruta.

Estos primeros kilómetros son de ganar altura en la ladera y por tanto con algo de desnivel, que pacientemente vamos superando. Francamente las piernas están frescas y se sube bien.

El camino en su mayor parte es muy cómodo, siempre ganando altura y algo alejados del barranco en estos primeros metros de ruta. Eso sí, las vistas ya empiezan a gustarnos, mucha vertical, mucha roca y mucho verde…..típico de Picos.

Pronto llegamos a unos edificios en ruinas custodiados por preciosos Tilos de buen porte, ya tenemos más de la mitad de subida hecha, así que aprovechamos la sombra para darnos un respiro, un traguito de agua y para arriba a buscar el punto más alto, “los collaos”.

Una vez arriba, un cartel nos explica la increíble obra de ingeniería para traer el agua, y el por qué de dicha senda, que leemos gustosos con la cantimplora en la mano.

A partir de aquí, el sendero ya es casi todo de bajada o llano, pero con el handicap de tener aun 9 kms por delante hasta Caín.  Aun así, el paisaje es un espectáculo, que impresionante el macizo de Picos, sin duda.

A partir de ahora, la senda adquiere mayor verticalidad, sobretodo en algunos puntos donde se precipita bastantes metros en vertical. Nosotros en ningún caso pasamos apuros, ni vértigo, ni nada parecido, es más nos pareció de risa, pues habíamos oído comentarios sobre dicho peligro, y no lo vemos por ningún sitio. La senda es muy ancha y salvo que te cruces con mucha gente (puede ser el caso en meses de mucha afluencia) no nos pareció para nada peligroso. Eso sí, conviene saber, que no hay barandillas de protección prácticamente en toda el desarrollo del camino, por lo que si vamos con niños, hay que llevarlos siempre en la parte de dentro del camino y a ser posible de la mano, así evitaremos situación de peligro.

Es quizás uno de sus puntos fuertes, la verticalidad que adquiere el camino con respecto al precipicio que deja siempre a un lado, y lo que dota a este sendero de tanta espectacularidad. Pero lo dicho, siempre sobre senda ancha y de fácil trasiego, en la que no vimos peligro alguno. Pero no todo el mundo percibe el vértigo o el peligro de la misma manera, por tanto, conviene siempre informarse antes de hacerla.

Las cabras, son las principales protagonistas en muchas partes del recorrido, ellas sí que no tienen vértigo.

En una de las curvas nos encontramos con un reguero, bien franqueado por un pequeño puente de madera, es uno de los pocos puntos donde podremos refrescarnos. Para la hora de beber agua, siempre es mejor llevar una buena cantimplora y olvidarnos de beber de este agua, sobretodo si no se está muy acostumbrado a beber de fuentes.

Si apreta el calor, es un buen sitio para refrescarse bien antes de continuar.

Finalmente y tras pasar primero por el puente Bolín, llegamos al famoso Puente de los Rebecos, lo que nos anuncia que estamos muy cerquita ya de Caín. Pero antes tendremos que pasar por unos estrechos túneles con agua que hará más divertida si cabe esta bonita ruta.

Una vez cruzado el puente de la presa, en apenas 10 minutos ya estamos en Caín, pintoresco pueblecito de la provincia de León, y que nos espera con una cervecita bien fresca para reponer fuerzas.

Ahora ya mentalizados para la vuelta, hemos empleado unas 4 horas de Poncebos a Caín, incluídas paradas a comer, fotografiar, etc….La vuelta la hacemos más a piñón y nos cuesta sólo 2 horas y media. Supongo que andar lo desandado nos hace ya ir más ligeros.

 

La vuelta la resolvemos debatiendo y ya menos embobados con el paisaje, aunque las luces de la tarde empiezan a ser chulas para las fotos, así que apuramos con los últimos flashazos.

 

 

 

 

En definitiva, nos queda un buen sabor de boca de la ruta, quizás nos esperábamos más, pues nos la habían vendido muy bien, y fráncamente nos defraudó algo. Eso no quita que sea un rutón de espectaculares paisajes y verticales paredes, quizás algo monótona para tantas horas andando, al final es casi siempre lo mismo. Pero no por ello, vamos a dejar de recomendarla a todo montañero que se acerque a la zona.

Es un sendero casi de obligado cumplimiento el realizarlo. Desde aquí, os dejamos esta reseña para todo aquel que quiera realizarlo.

un saludo

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