Gallocanta “más allá de las grullas”

Como seguramente ya habréis leído en el Bloc de Jose, el sábado pasado estuvimos en la laguna de Gallocanta haciendo una sesión de hide para fotografiar grullas y en general lo que se pusiera por delante. Tras solicitar los permisos pertinentes y preparar concienzudamente todo el material, allí estábamos el sábado a las 7 de la mañana siendo aun noche cerrada. Las normas son claras, se ha de entrar en el hide una hora antes de la salida del sol y no se puede abandonar el mismo hasta que anochezca por completo. Así pues a las 7 y media ya estábamos metidos en la lata de sardinas, porque el espacio era más bien justito. Aquí os dejo un par de fotos que hice con el móvil mientras José se emocionaba con el Zarapito real.


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Para colmo el coche lo habíamos dejado marcando la nada despreciable temperatura de -8ºC. Así que ya podéis imaginaros el panorama dentro del hide con gorro, guantes, braga y metidito en el saco de dormir. Eso sí, expectante a las primeras luces y sobretodo a los primeros bandos de grullas que surcaban los cielos aun despertando.


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Durante las primeras luces, el trasiego de grullas por el cielo era incesante, grupos más o menos numerosos sobrevolaban la laguna para adentrarse en su mayoría al valle del Jiloca. Desde el hide, el frío se iba olvidando y las primeras fotos y ráfagas empezaban a llenar las tarjetas.

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Una vez amanecido, podíamos ver claramente el frío en la charca de delante y en la escarcha que todo lo invadía, aun así los primero visitantes hicieron acto de presencia. Bandadas enteras de pajarillos que se acercaban a la charca en busca de un primer trago de agua. Trigueros, gorriones, jilgueros, cogulladas o estorninos eran frecuentes visitantes del agua, y casi como un reloj no faltaban a su cita.

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Buenas risas nos pegamos con los pobres animales patinando sobre el hielo, resultaba cómico ver como se resbalaban y las frágiles patitas se iban “de varetas” en cuanto intentaban algún movimiento brusco.

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Los estorninos también nos visitaron en bandadas, con sus pintas blancas reflectantes y sus ansias por echar un trago de agua. Al final incluso nos regalaron un baño en grupo, eso sí, en tiempo record, se tiraron como posesos al agua, cuatro chapoteos rápidos y salieron volando con la misma prisa con la que entraron.

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Mientras los gorrioncillos se calentaban en la hierba alta, el fantástico alcaudón descansaba en los cardos de las orillas de la charca. Y es que a parte de las grullas, el entretenimiento estaba servido, bien porque se acercaban los estorninos, o porque bajaban los gorriones a beber agua, la cuestión era fotografiar a todo bicho viviente que revoloteara a la debida distancia.

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Incluso la hermosa cogullada, se dejó retratar levantando su espectacular “tupé” al aire.

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Me recordó mucho al también bien-peinado herrerillo capuchino tan abundante en la sierra de Albarracín.

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El nerviosismo que atesoraban la mayoría de pajarillos no era infundado, sino innato en ellos, hay que estar atentos al más mínimo peligro, que en la mayoría de los casos está en el aire en forma de rapaz. Deambulando por los alrededores, unas veces más lejos y otras más cerca, la preciosa silueta del aguilucho lagunero paraba de golpe la actividad en la charca. Ágil en el volar y veloz en atacar, se sirve de los despistados y los confiados para completar su dieta. Y sin duda, difícil de pillarle una buena toma.

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También nos hizo una fugaz visita el Milano real, inconfundible con esa cola ahorquillada y las manchas blancas en las alas.

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Pero el protagonista de la sesión, dejando de lado las grullas fue sin dudarlo los zarapitos (apodados becadas por nosotros), unas aves limícolas la mar de graciosas con el pico curvado y que estuvieron rondando las inmediaciones del hide en prácticamente las 11 horas que duró la sesión.

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Unas veces junto al agua clavando el pico hasta los ojos, y otras rondando los alrededores fue un leal compañero y un fácil blanco para nuestros objetivos.

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Como se puede ver, sin contar las grullas, las visitas de otros moradores de la zona fueron más que numerosas, y un entretenimiento más en las largas horas dentro del hide. Finalmente y tras la penumbra que deja la tarde en pos de la noche, se terminó la sesión, con los músculos algo agarrotados, algún que otro rato de frío, pero en definitiva con muy buenos momento y mejores experiencias.


Las fotos de las grullas para el próximo artículo.


saludos

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6 comentarios el “Gallocanta “más allá de las grullas”

  1. jejeje, la primera foto la mejor, sin duda, ¡¡qué miedo!!

    Muy guapas te han quedado todas las fotos, en especial me gustan la de las grullas en formación y la segunda de la cogullada. Bueno, y el lagunero es tema pendiente para la próxima vez.

    Un abrazo.

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  2. ¡Que pasote Gallocanta en un hide! Es un gran esfuerzo estar tantas horas los dos metidos en un sitio tan reducido y con esas temperaturas. Tendrían que sacar cámaras con calentador, je je, muy buen trabajo. No hay quien os frene.

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